La trilogía del 0zi errante.

30.6.05

Cosas varias.

Se siente uno raro cuando ve en un escaparate algo que ha creado. Cuando aún era parte de cierta asociación, diseñé unas camisetas parodiando los emblemas de los uruk-hai, y me sorprendió ver en la friki-cueva una expuesta. Ya sabía que estaba allí, pero me pareció raro verla.

Fuimos a ver una obra de teatro representada por estudiantes de un instituto. La razón era que una de los intérpretes era la Candy, con quien por cierto últimamente tenía poco contacto y ya era hora de recuperarlo. Pues bien, mi valoración de dicha obra la haré otro día, pero adelanto que pocas veces he sentido tanta vergüenza ajena, y que sólo la mencionada actriz conseguía dignificar un poco el resultado. Si consigue deshacerse de este tipo de grupos y entrar en uno un poco digno con el que hacer representaciones respetables, puede llegar a ser toda una actriz.

A todo esto, ¿es casual que casi todos mis amigos tengan algún talento? Conozco escritores, músicos y dibujantes profesionales, pero incluso entre mis amigos no-profesionales están los que dibujan de maravilla, los que escriben como los ángeles, los que diseñan y confeccionan disfraces prodigiosos, la mencionada actriz, etc. No es que haga nada por encontrarlos, simplemente descubro después de hacerme amigo de alguien que tiene alguna habilidad de ese tipo, o varias.
¿Dónde se ha metido la gente que no sabe hacer nada? Espera, ahora que caigo, sí que sé dónde están.

Volví a hacer ejercicio hoy, y como era de esperar alguien se puso malo, para no romper la tradición. El grupo lo formaba la Bruja Loca (que tuvo el honor de ser la derrengada del día), el Mago, Solid Snake y yo.
Por cierto que Snake me hizo un comentario que me llenó de orgullo, pero que le debe sentar como un tiro a la Mujergato =^.^=

Mi Bicho salió en un par de secuencias de Aquí no hay quien viva, serie que no veo habitualmente (por lo que no me enteré de parte de lo que ocurría), pero cuyo último capítulo me tragué enterito para verla a ella. Estaba más mona...

Eso es todo por hoy.

24.6.05

Puntualidad roedora.



Habían quedado a las diez la Ratona, la Diosa Oscura y la Bruja Loca; el Mago y yo nos apuntamos a última hora. Bien. A las diez, recibimos una llamada de la Ratona que nos dice que hasta las once no vendrá, y que vayamos a otro sitio en el que nos reuniremos con ella.
A las once, nos dice que no podrá venir hasta las doce. Así que quedamos en otro sitio para esperarla.
En este punto la Mujergato, que nos había hecho una muy grata compañía hasta entonces, se tiene que ir. Para cuando el Mago vuelve de acompañarla a casa, la Ratona nos ha vuelto a informar de que llegará más tarde.
A la una no ha llegado, seguimos esperando, hasta que aparece cerca de la una y media, hora en la que ya resulta imposible ir a donde teníamos pensado, como constató un conocido nuestro que os advirtió del problema para la vuelta (graccie, Gus).

Lo siento por los demás; pero lo que es yo, pasé una noche de muy agradable compañía con ellos. Y el día también estuvo muy bien, ya hablaré de eso en otra entrada.

21.6.05

A vuelapluma.

Hace tiempo que no improviso un relato. Ahí va éste que escribí de un tirón; lo he releido y algunas cosas me parecen espantosamente mal escritas, pero ésa es la gracia de este tipo de ejercicios, no corregir los errores. Está basado parcialmente en una descripción de un campo de batalla realizada por un veterano, que leí hace muchos años

El sargento Berenson contempló sus manos ensangrentadas y, encogiéndose de hombros, las vendó con restos de la camisa del cabo Johnson, a quien seguramente no le importaría aunque estuviera vivo, pues sin duda estaría más centrado en el túnel que un proyectil enemigo había dejado comunicando sus oídos. Berenson no tenía tiempo para sangrar, era mucho lo que estaba en juego.
Tras una breve oración (era ateo, y por tanto sólo rezaba cuando estaba en peligro su vida) salió de la trinchera sin que tuvieran que apuntarle con un arma, a diferencia de la mayoría de los demás soldados, que elegían la opción más pragmática entre salir a una muerte casi segura en el campo de batalla o un muerte totalmente segura bajo el fuego del oficial al mando. Cruzó la tierra de nadie cuidando de no resbalar al pisar aquella mezcla de sangre y barro, y asegurándose de mantenerse a distancia de las enormes ratas que crecían hasta tamaños que, años más tarde, los niños juzgarían una invención de su abuelo ante lo inaudito de la descripción; cierto es que esos niños tendrían la suerte de no haber visto jamás roedores de esa talla, sólo alcanzable mediante la ingestión de abundante carne humana. Vio al soldado Stillson caer aferrándose su pierna mientras ésta parecía fundirse, pero no se paró a ayudarle; no es que Berenson fuera insensible al dolor del joven soldado (menor de edad, como muchos otros patriotas que mintieron al alistarse para poder servir a su país, antes de saber qué significaba realmente la palabra "guerra"), pero todos los combatientes tenían la orden de denegar la ayuda a los caídos, pues éstos resultaban inútiles en la batalla y la prioridad era tomar la trinchera enemiga. También tenían la orden de disparar a matar a cualquier compañero que desobedeciera la orden anterior, por lo que todos respetaban dicha orden escrupulosamente. Así que intentó ignorar los gritos de Stillson pidiendo ayuda mientras las ratas accedían primero a las partes blandas (ojos y lengua) para luego continuar con el resto del cuerpo.
Finalmente, entre la cegadora niebla y el asfixiante olor a pólvora quemada, llegó a la trinchera desde las que la artillería enemiga despedazaba a sus compañeros y entró en ella tras disparar, guiándose más por la suerte que por la destreza, a dos artilleros. Una vez dentro, tomó como escudo el cadáver de uno de ellos mientras acribillaba a otros tiradores enemigos. Una vez acabada la batalla Berenson comprobaría que los artilleros estaban encadenados a sus ametralladoras pesadas, lo que les impedía huir; eran carne de cañón dejada allí por sus altos mandos para retrasar la toma de la trinchera mientras el ejército retrocedía para asegurar una posición posterior.
Ese día el regimiento al que Berenson pertenecía perdió trescientos hombres. Eran valientes, sanos, patriotas, los mejores. Pero valió la pena; lograron que su frontera avanzara cuatrocientos metros.

19.6.05

Estos días...

...

Jueves.
Fastidiosa espera y malhumor erosionados por su encanto. Carrera de ratones. Larga espera para ver a quien puede hacerme disfrutar o sufrir con su sola presencia. Palabras que duelen pero necesitan ser pronunciadas. Fotos por doquier. Té rojo.

Viernes.
Desayuno miradas de ángel. Saurón perdió su mano donde encontré a Frazzetta. Sorpresa inesperada y desagradable a la tarde. Una pregunta que pensaba que no necesitaba responder a estas alturas. Temor y tensión en sus bellos ojos, que no deberían pasar por algo así. Cena divertida para olvidarme.

Sábado
Otra sorpresa desagradable, desde otra dirección. Este finde muchos sufren. Comentarios sobre pasado y presente, cuchicheos, risas. Viva Iori. Palabras que no llegaron a ser pronunciadas.

15.6.05

Cristales rotos.

...



Ayer por la tarde ayudé a la Pebeta a sacar unos cristales rotos de una habitación, lo que debido a mi torpeza casi me mata. Apenas recuerdo la última vez que me corté con vidrios, dado que suelo ser cuidadoso y apartarme de ellos por las posibles consecuencias.
Mi impericia me lleva a intentar evitar el manejo de material frágil. En el chino donde cenamos tras las jornadas de Motsukora rompí una copa casi sin rozarla, y no es difícil verme dejando caer al suelo objetos que me lanzan desde cortas distancias. Las cosas tienen la desagradable costumbre de caer en pedazos a mi alrededor, las toque o no.
También ayer vi quebrarse otro cristal, uno mío. No por un impacto poderoso, sino debido a la acumulación de pequeños golpes a lo largo del tiempo. Me he pasado bastante tiempo poniendo parches, pegando los fragmentos pequeños que iban saltando, reforzando las zonas débiles... pero finalmente ha saltado en pedazos, y ya no hay forma de recomponerlo. Observo los trozos, cada uno con su forma peculiar y distintiva, y los identifico, sé dónde encajan, pero también sé que no hay manera de restaurar el conjunto. Habrá que barrerlos con mucho cuidado para evitar hacerme más daño, mientras pienso si dejar la vitrina descubierta o si vale la pena buscar otro cristal que, inevitablemente, quedará hecho pedazos más tarde o más temprano.
Supongo que he aceptado que nada dura para siempre; pero me cuesta asimilar que algunas cosas duren tan poco.

13.6.05

Muérome.



Por alguna razón que no logro recordar, acepté hacer deporte con el Mago (que dirigía los ejercicios), la Ratona, y la Diosa Oscura. Bueno, en realidad recuerdo perfectamente cuándo decidimos el Mago y yo que podríamos hacer ejercicio este verano, pero los detalles de la conversación quedan borrosos en mi memoria...
Así que allí estábamos esta mañana, las féminas y yo, optimistas y decididos a comernos el mundo... hasta que nos acordamos de a qué habíamos ido y se nos borró la sonrisa ante la perspectiva del cóctel de dolor y fatiga que nos esperaba. Aún así, en principio dimos muy bien el tipo: llegamos caminando sin problemas al parque. Primer obstáculo superado. Luego vino el ejercicio, y ahí la jodimos.
Como buen caballero, decidí permitir que ellas mostraran las primeras señales de cansancio mientras yo me reservaba para el gran final, agotándome por completo cuando ellas ya habían demostrado estar a la altura de lo que se les exigía. Moraleja de hoy: no es buena idea ir a correr incubando alguna extraña clase de enfermedad.
En fín, la tiranía de la gravedad, la física y el haber estado cerca de una década sin forzar demasiado mi cuerpo dieron los resultados previstos. Cada uno de los músculos de mi cuerpo decide llamar mi atención de la única manera que se les ocurre: gritando de dolor. En realidad aún no tengo agujetas, pero me van a doler tanto que el recuerdo de esa intensa agonía tiene repercusiones, como ondas en el agua, incluso en dirección al pasado, así que me duelen pese a que aún no han aparecido. Ni quiero imaginar lo que será después. Nunca nadie había hecho tanto por dañar los miembros de un amigo desde que Obi Wan Kenobi reinventara el concepto de "corte de mangas" con su antiguo padawan. Mientras escribo estas lineas intento hacer recuento de miembros, pero mis piernas se niegan a gritar "presente"; todo lo más, susurran con desgana para que, al menos, sea consciente de que existen, aunque sea incapaz de ubicarlas.
La semana que viene más. Y luego, cuando todo el mundo tenga más tiempo disponible, aumentaremos la frecuencia. Muérome.

P.D: Escribí estas lineas ayer, pero lo cierto es que ahora no me siento mal. Me molestaba un poco este mediodía cuando salí, pero no duele ni nada. Aún así, me daba pena no colgar lo que ya había escrito, así que ahí queda.

12.6.05

Un regalo especial.

El Oziito.



A veces la gente te sorprende. Estando en la cola de firmas de la Señora de la Torre, el Bicho se me acercó a decirme que tenía algo especial para mí. Me entregó un sobre conteniendo una terna de hojas, dos de ellas conformaban un relato y la primera era una carta. Luego me daría otro regalo (de cumpleaños, con un poco de retraso debido a la distancia), que podéis ver en la foto.
Fue una muy grata sorpresa, la verdad. Ella siempre ha dicho que soy un buen amigo, que la he ayudado, pero no es cierto; la distancia idealiza a las personas, no hay nada más fácil que ser un buen amigo desde lejos, como no hay nada más difícil que continuar siéndolo de cerca. Por tanto, tengo facilidad para parecer una buena compañía a aquellos que no me tienen habitualmente junto a ellos. En cualquier caso, el Bicho considera que merezco este tipo de atenciones por su parte, y no puedo hacer otra cosa que agradecérselo desde aquí.

Gracias, mi Bicho. La próxima vez que nos veamos me cobraré el cheque. Besos.

11.6.05

Viaje a Madrid. Episodio III

El retorno del Ozi.



(aviso: escribo esto con casi dos semanas de diferencia y bajo los efectos del insomnio; puede que todo ocurriera de una manera totalmente diferente).

El domingo el Mago y yo nos levantamos a las tantas de la madrugada, es decir, a las 10 y pico, para poder salir del hostal antes de que sus amables propietarios nos sugirieran la idea de pagar por un día más, que habríamos acogido con alborozo de no ser por los compromisos que nos acuciaban en tierras vascas (por cierto, mientras escribo acabo de recordar que debo dinero al Mago).

Así que fuimos a dejar las maletas en una consigna para no cargar con ellas todo el santo día, y a continuación a la Feria con Samain. Allí nos reencontramos con el Bicho (que se compró esa mañana el segundo de Mundodisco, de lo que deduzco que el primero, que se compró a instancia del Mago y mía el día anterior, le agradó), la Abeja (que aún me tiene que contar si le gustó la Liga de los Caballeros Extraordinarios) y el General, además de Nïn (a la que omití del resumen del día anterior). Por cierto, ya que mis recuerdos vuelven a mí de la desordenada y caótica manera de los planos de 21 Gramos (gran peli que aprovecho para recomendar de nuevo), comentaré una de las escenas más surrealistas del sábado:
Estábamos agotados, esperando a que acabase el turno de firmas de la Señora de la Torre, así que decidimos esperar tras la caseta, en un banco. Pero al parecer todo Madrid tuvo la idea al mismo tiempo, porque todos estaban ocupados. En esto que oímos a la Meiga gritar "¡Allí, que se levantan unos viejos!", y salimos todos escopetados hacia el banco, cual Meca soñada, y fue entonces cuando vi algo realmente sorprendente: Nïn adelantándome por mi derecha a una velocidad de vértigo y, hubiera jurado, tocando el suelo sólo con sus muletas, sin usar los pies para nada. Es una imagen difícil de olvidar. Fin del flashback.

El Bicho tuvo que irse pronto, como la Meiga (al menos a esta la veo en Agosto, si todo va bien). Después deambulamos un tanto y quedamos el Mago y yo con la Cantora, así que nos despedimos del General, la Abeja y Nïn.

Los tres comimos en una pizzeria cuyo nombre no recuerdo. Debo decir que, como los días anteriores, la comida rápida era realmente rápida. Es algo que en Bilbao no pasa, aquí puedes estar esperando bastante tiempo tu pedido, especialmente en el Telepi (donde el récord está en una hora y pico).
Después a la estación, donde ya sólo nos quedaba tramitar el billete de vuelta y largarnos. Duele ver alejarse esos ojos; pero los veré, como muy tarde, en medio año.

En el viaje de vuelta no hubo dopplegangers que nos alegraran la vista, maldita sea. Aunque sí que hubo bellas féminas al final del recorrido; en Bilbao (donde, oh sorpresa, llovía) nos esperaban la Pebeta, la Asesina y el xD; mientras éste último entraba en una interesante discusión sobre Babylon 5 con el Mago, las dos primeras mostraron interés por nuestro periplo en Madrid, como días más tarde haría también la Bruja Loca.
A la Pebeta le traje un libro firmado, detalle insignificante que ella tuvo a bien agradecerme. En el bus de vuelta a Portu les enseñé el oziito que me regaló mi Bicho en Madrid, y luego acompañé a la Pebeta, siendo ya pasadas las once de la noche y estando molido, a su casa.

Y hasta aquí lo que pasó. Que cada uno de los presentes añada lo que crea conveniente en los comentarios, si ve que me he saltado algo importante. El año que viene, más y mejor. Para empezar, llevaré protección solar y una mininevera como la de mi Bicho.

P.D: Aprovecho para recordarle al Hada que aún no ha cumplido lo dicho.

9.6.05

Viaje a Madrid. Episodio II

El Foro contraataca.

(aviso: escribo esto con casi dos semanas de diferencia y bajo los efectos del insomnio; puede que todo ocurriera de una manera totalmente diferente).

El sábado el Mago y yo habíamos quedado con la Meiga a las once para ir a la Feria del Libro, lo que nos obligó a levantarnos tras unas demasiado escasas horas de sueño. Antes desayunamos en un establecimiento de cuyo recuerdo trato de deshacerme con escaso éxito. Una vez juntos nos dirigimos a la feria bajo un sol de justicia y rodeados por una muchedumbre formada por un 10% de gente que lee libros y un 90% de gestalt que acude a cualquier evento anunciado en televisión. Mientras caminábamos, tuve una surrealista idea para un relato que espero poder terminar en breves.

Allí nos encontramos con la Bicho y su mare, y a continuación me reencontré con conocidos del año anterior y nuevos rostros. Más tarde añadiré información sobre ello*
La cola tenía una duración media de unas dos horas, y como la picaresca es un género literario muy bien valorado, la gente amante de la literatura se colaba por donde podía para hacer honor a la memoria del Lazarillo; en un momento dado me pidieron desde el stand que me encargase de evitar que la gente del foro se colase, lo que me resulta chocante por dos razones: Primera, porque ser moderador del foro no implica que tenga más autoridad real que cualquier otra persona de la cola, y segundo, porque si tan evidente era para todo el mundo que la gente se colaba, resulta molesto tener que ser yo el que haga el trabajo que los de la editorial no se molestaban en realizar. Eso sí, estar en el stand poniendo cara de mala leche y respondiendo de forma borde a las preguntas de las lectoras, eso se les da muy bien.
Una vez llegado a la presencia de la Señora de la Torre, supe que había un límite de dos libros a firmar por persona, con lo que me quedé sin firma para mí. Otra vez será.

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La Señora de la Torre explica a unas transeúntes que ella no es Maria Teresa Campos.

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La Meiga intenta convencer a la Señora de la Torre de que cante el Foggy Dew.

Luego nos reunimos con la Cuentacuentos y la Artista, que se unieron a la Comunidad del Bocadillo, formada por nueve miembros: las dos mencionadas más la Bicho, el General y la Abeja (estos nicks tienen explicación, pero no voy a darla aquí) como representantes del Mundo Pequeño, el Mago, la Meiga y la Cantora representanto el Mundo Alto, y yo como representante del Mundo Antiguo. Decididos a no desfallecer en nuestra búsqueda del bocadillo con el que saciar nuestros famélicos estómagos, recorrimos las sendas más tortuosas de Madrid, espantando osos y otros seres de fábula como los que muestro a continuación:

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¡Cuidado! Darth Vader puede parecer bueno, pero si le quitáis el casco, ¡es Hayden Christiansen! ¡Huid!

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Las naranjas de la Tierra Media tienen tamaño troll O_o

Durante el trayecto pudimos constatar, como confirmaríamos por la tarde, que no había cola mayor que la de la caseta de SM, donde la llamada de la Señora de la Torre, como moderna flautista de Hammelin, obligaba a acercarse a auténticas manadas de chavalería y adultos indistintamente.

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La cola vista de cerca. Podría ser muy larga o muy corta, porque desde este ángulo no se ve, así que sed buenos y haced acto de fe.

Una vez llegados al Pans, tuvimos que burlar la seguridad del centro penitenciario de máxima seguridad en el que parecían haberlo convertido. Ya me contaréis si no a qué viene poner un tipo entre cuyos hombros veía más distancia de la abarcable entre mis manos impidiendo subir al piso de arriba a los clientes que no hubieran pedido aún, o tener una cerradura electrónica en la puerta del baño que se abría introduciendo un código de acceso que sólo se revela a los clientes.
Por cierto: 183 para chicos, 153 para el de las chicas (^.^)

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¡Corre, Mago! ¡Que la Meiga te quita el sitio!

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La Artista y el Mago intentando comer pese a mis denodados esfuerzos por distraerles.

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La gentuza intentando evitar que les fotografíe.

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La Cuentacuentos, un tío feo y la Cantora.

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La Meiga le explica a Bicho qué es una almáciga.

Luego unos helados al buche, paseillo por el Fnac (donde el Mago y yo coincidimos en señalar la cualidad doppleganger del General) para que la Meiga pudiera canjear el vale +1 que obtuvo tras matar un dragón en tierras celtas, y de vuelta a la feria.

Al llegar, conocimos a un Hada y un Hobbit que nos acompañaron durante el resto de la tarde (el Hada me dijo algo que hasta que no me demuestre no me creeré).
El cansancio hacía mella en nosotros, pero no desfallecimos. Más tarde se nos agregó un Gigante amigo de la Meiga, y en la caseta de SM conocimos al fin a otro miembro de nuestra antigua y perdida secta, los Adoradores de Skippy. Llamémosle, a falta de otro nombre mejor, Doraemon.
Nos fuimos despidiendo de los representantes del Pueblo Pequeño con dolor en nuestro corazón, y nos preparamos para lo que quedaba de noche. Tras tomar unos tragos todos juntos, se nos unió la Señora de la Torre y su hermano la Sota. Nos separamos para ir a cenar: la sección norte-centro al Pizza Hut, la facción Valencia al hotel y al Vips.

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La Sota de Bastos (esta foto explica el nick) nos muestra su poderoso Chupa-chups Matagigantes +2. Inclinémonos ante su poder.

Luego de reunirnos de nuevo, y constatado que entre todos no reuníamos la vitalidad de un solo individuo, procedimos a separarnos para no colapsar la UVI de un solo centro. En principio ibamos a reunirnos con el Hada, el Hobbit y Virgil (a quien no veo hace tiempo), pero estábamos tan absolutamente destrozados por el cansancio acumulado y las pocas horas de sueño de los últimos días, que lo dejamos pasar hasta próxima ocasión.

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El Mago deja su impresión sobre nuestro viaje. Bueno, en realidad es sobre otro viaje, uno hecho hará más de medio año. Pero mejor que no removamos the shit.

Una vez escoltadas las damas a sus residencias, volvimos al hostal no sin arrepentirnos durante todo el trayecto de ser tan estúpidamente caballerosos.

Concluirá en la tercera parte, "El retorno del Ozi".

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* Como anécdota relacionada con el encuentro esa mañana con tantos rostros nuevos, debo contar algo que define mejor que ninguna otra anécdota mi capacidad de despiste. Como dije, me presentaron a mucha gente. Pero claro, había muchos foristas allí, y siguieron viniendo a lo largo de todo el día.
Pues bien, días más tarde supe que la Espadachina, una chica de Murcia con la que llevo meses hablando por MSN, mensajes privados en el foro y a través de nuestros blogs, había estado allí. Cuando la pillé por Messenger, le dije que me daba rabia no haberla visto y poder hablar con ella, y su respuesta fue: "Ozi, nos vimos. Estuvimos hablando". Tras describirme su vestimenta, decirme a qué hora y explicarme sobre qué estuvimos charlando, finalmente me envió una foto que fue la prueba definitiva. ¡Había estado un buen rato con ella sin saber quién era! Cuando le dije que cómo no se dio cuenta entonces de que no la había reconocido, su respuesta fue "pensaba que eras de los habladores por messenger y callados en persona..."

5.6.05

Un día más.

...



Este no es un mensaje como los demás. Puede que no le importe a nadie, puede que haya quienes estén de acuerdo, y puede que me lluevan golpes por esto. Pero son palabras sinceras sin más intención que decir lo que realmente siento, y no creo que nadie pueda culparme por ello.

No es algo que celebrar, ni algo que lamentar. No es ninguna de ambas, y es en parte cualquiera de las dos.

Este mensaje habría sido muy diferente el año pasado, de haber tenido blog entonces. Habría sido la celebración de una proeza, el festejo de una comunión con una persona y con el grupo que la rodea. Ahora, nada de eso es posible, debido a muchos factores, entre ellos las decisiones de algunos de sus allegados (los que le van quedando). Allá ellos con su conciencia, si la tienen.

En cualquier caso, no puedo evitar evocar el sentimiento que hace un año me llenaba, y puedo empatizar con quienes ahora lo sienten. Sé que sienten agradecimiento por cómo se resolvió, sé que sienten dicha por compartir este aniversario, sé que se alegran de verse reflejados en una de las miradas más hermosas que he visto. Sé todo eso porque pasé por ello, y es algo que no olvidaré.