La trilogía del 0zi errante.

30.5.05

Vaije a Madrid. Episodio I.

Un nuevo viaje.



El mago y yo fuimos despedidos por dos encantadoras damiselas, y nos dirigimos sin prisa pero sin pausa a Madrid, dispuestos a enfrentarnos a cuantos peligros nos surgieran al paso.

En el parador en el que el bus hizo su pausa de media hora a mitad de viaje, conocimos al escarabajo más grande de Europa. Bestia colosal, capaz de hacer temblar (literalmente) las ventanas contra las que se golpeaba una y otra vez, provocando pavor en los débiles humanos que lo contemplábamos sin dar crédito a nuestros ojos. Gigante monumental, que luchaba con encomiable valor contra los inconvenientes naturales de su peso, como la extrema dificultad de levantar el vuelo cargando con semejante cuerpo o la competencia de insectos más ligeros y rápidos a la hora de buscar sustento. Su lucha era la de todos los diferentes, inadaptados, excepciones que en el mundo han sido, tratando de reafirmarse en un mundo que no está hecho a su medida. Sirvan estas líneas como tributo a su tesón.


Tras concertar nuestras impresiones sobre la doppleganger del bus (entonces no sabíamos que no sería la única del finde), seguimos viaje hasta la ciudad de los edificios extraños (desde el que merece mejores amigos hasta el que se chutaba hace tiempo). Llegamos a eso de las cinco de la tarde, y una vez registrados en el hostal (y descubierto que mi apellido es Montero y no el que yo creía), nos reunimos con la Cantora. Es difícil definir la mezcla de emociones que experimento las escasas veces que nos reunimos a lo largo del año, así que me limitaré a decir que me gustaría poder reencontrarme con ella cada día, pero sintiendo siempre que llevo mucho tiempo sin verla.

Tras las presentaciones de rigor, fuimos a tomar algo, a recorrer Madrid y a soportar estoicamente el calor. Más tarde recibimos una llamada de la Meiga, que acababa de llegar a la ciudad, y nos reunimos con ella y con su altísimo amigo, que resultó ser un tipo estupendo y que lamentamos no haber visto más durante el resto del finde.
Comimos en un McMierda, donde descubrí que tenían una opción de menú que no está disponible en los de Bizkaia; allí recibí una llamada que anticipaba parte de la compañía del día siguiente. Luego transitamos hacia un irlandés que no era irlandés y tras una agradable conversación sobre trotamúsicos, vientos de fuerza 7, programas infantiles y otros temas igualmente interesantes, todos a sus casitas.

Y poco más que contar, salvo que acabamos agotados a las tantas de la madrugada pero encantados, y preparándonos para el día grande, el sábado de feria.

Continuará...

26.5.05

Hasta luego.



Me voy a los madriles a cazar madroños y talar osos con el Mago. Durante el finde este blog estará desatendido, por lo que ruego que destinen ese tiempo a meditar sobre cómo su vida ha llegado a convertirse en lo que tienen ante sí cada vez que se levantan de la cama. Nos vemos el lunes.

22.5.05

Blah, blah, blah...

...
Me gusta el cine.

Para mí, el cine es un arte emocional, no intelectual; no es que tengas que apagar el cerebro para ver las películas (aunque con algunas es buena idea) pero los recursos del séptimo arte no están encaminados principalmente a exponer ideas o transmitir conocimientos, sino a afectar emocionalmente al espectador. En el cine quiero reir, llorar, pasar miedo, sentir pena... para ello, es necesario que los autores del film controlen de forma absoluta los estímulos que llegan al espectador; no pueden controlar el olor del cine, la comodidad de las butacas, lo que el espectador esté comiendo mientras ve la peli... pero al menos lo visual y lo sonoro están dentro de sus competencias, de ahí que las salas de cine estén insonorizadas, se apaguen las luces y se pida a los asistentes que silencien los móviles; el aislamiento sensorial ha de ser absoluto, dentro de lo posible.

Pero hay algo que ni los creativos del cine ni los que lo gestionan pueden controlar. Algo que me dejé de mi mensaje anterior sobre Star Wars es que, como de costumbre, hubo algunos gilipollas que se empeñaban en arruinar los momentos dramáticos con risitas que no venían a cuento. La Pebeta y yo, que somos muy partidarios de disfrutar del cine como es debido, no dábamos crédito a nuestros oídos, pues nos resultaba incomprensible que a cierta gente le parecieran hilarantes momentos como el "bautizo" de Annakin como Darth Vader.
Por desgracia es algo que hay que aguantar demasiado a menudo en el cine, y es el principal motivo por el que muchas veces paso de ver una película en salas comerciales. Creo que la falta de educación y sentido común del público es una causa del descenso de recaudación que, sorprendentemente para mí, no aparece en ninguna lista de esas que cada dos por tres saca el ministerio de Cultura, o quien sea. Normalmente hablan de piratería, de competencia de otros entretenimientos o formatos (video doméstico, tele por satélite...)... así que puede ser que yo sea el único que sale de la sala preguntándose si habría disfrutado más de la película de haberla visto en casa.
El problema es que la experiencia no es la misma. No hay más que ver un trailer como el de Batman Begins en la gran pantalla para ver la enorme diferencia que existe entre ese visionado y bajarse el trailer de internet. Ni siquiera un home cinema en condiciones puede igualar lo que se siente en el cine, y no hablemos ya de un estreno al que tus amigos van disfrazados y claro, quieres ir con ellos. Pero es que es duro tener que soportar ese tipo de actitudes que te impiden concentrarte en lo que ves.



Curiosamente, quienes actúan así no parecen ver que están molestando a los demás. Hay quienes se defienden diciendo "es que la peli era muy mala". Vale, si es tan mala, siempre puedes salirte de la sala y no perder dos horas de tu precioso tiempo, pero si decides quedarte, no le arruines la función a otras personas que quizá sí estén disfrutando de la película y que también han pagado su entrada.
Pero hay personas con tal egoísmo que son incapaces de entender que no todo el mundo tiene sus gustos, y no sólo no se acuerdan de que no están solos hasta que alguien se lo recuerda, sino que además se sorprenden de la reacción que provocan, llegando a hacerse las víctimas.

Reacción parecida a la que tienen los destripadores de finales. Por alguna extraña razón que no logro entender, hay quienes creen que revelar aspectos fundamentales de la trama de una película (o cómic, o novela, lo que sea...) no tiene ninguna importancia. Ojo, nadie está libre de pecado para tirar la primera piedra, todos hemos cometido ese error alguna vez; pero normalmente al darnos cuenta nos disculpamos. Sin embargo, hay personas que creen que contar el final de una historia no tiene importancia, que "lo importante es cómo se cuenta, no lo que pasa", y sin embargo su ignorancia de las artes narrativas les impide darse cuenta de que la dosificación de la información es una parte importantísima de ese "cómo".
A veces me he preguntado por qué alguien que sabe perfectamente lo mucho que molesta a otros que les cuenten finales, puede empeñarse en hacerlo una y otra vez. Es posible que su incapacidad de crear, de narrar sus propias historias, les lleve a intentar suplantar al creador al que citan arrogándose una función de narrador que no les corresponde. De hecho, rara vez veo a una persona capacitada para contar sus propias historias contando el final de historias ajenas.

Así que para evitar este tipo de inconvenientes te ves obligado a ver una película cuanto antes, sobre todo si sabes que conocidos tuyos con poca educación la han visto ya, y a ser posible la ves en una sala semivacía, porque como esté llena el estruendo no te permitirá disfrutar de ella. O haces lo que detesto hacer, que es comprarla en top manta cuando se acaba de estrenar o bajarla de internet, para poder verla en casa sin interrupciones de cavernícolas butaqueros y sin riesgo de que te destripen el final antes de tenerla. Pero ni eso te salva; incluso en las versiones ripeadas se oyen a veces las voces del público.

En fin, la cosa pinta mal para aquellos que amamos las artes narrativas. Pero vale la pena tomarse todas las molestias del mundo para poder disfrutar en condiciones de la creatividad de los autores capaces de idear secuencias como ésta:



Sublime ^.^

21.5.05

Que la Fuerza nos acompañe.



Ayer/hoy viernes fuimos a ver Star Wars ep. III: la venganza de los Sith. Fue exactamente lo que esperaba. Un espectáculo impactante, trepidante, visualmente impecable. Una historia plana, vacía, infantil, previsible. Por tanto, no me sentí decepcionado aunque tampoco me sorprendió favorablemente.
Como detalles positivos, la entrada de Annakin en el templo jedi, y la terrible atrocidad que comete en un momento dado; la traición de los clones a los jedi, uno por uno; todos los duelos de espada, los excelentes diseños de vestuario, escenarios y personajes, y el ver por fin algunos momentos anticipados desde hace décadas.
En el lado oscuro, el absurdo y estúpido doblaje de Annakin y Palpatine, que hacía que en las secuencias en las que ambos hablaban no dejases de rezar porque entrase otro personaje en escena (un jedi, Amidala, un droide... lo que sea), ya que las réplicas y contrarréplicas eran insoportables para el oído. También era molesto lo previsible de la historia, no sólo en el esquema general del guión sino en cada pequeño detalle; por no hablar de lo mal actor que es Christiansen, que ha tenido la suerte de obtener el papel más codiciado por todos los actores de su generación y ha desaprovechado así esta oportunidad.

Aparte de eso, hay otros detalles interesantes de la velada, al margen de la peli: en el lado luminoso de la Fuerza los trajes de jedis de diez (si no me fallan las cuentas) de los presentes, y el Yoda de juguete que regalaban en el Burger King y por lo que varios de nosotros pedimos menú infantil ^.^
En el reverso tenebroso, el "ciclo" se repitió, y de nuevo pasó eso que tanto me molesta y que podría evitar fácilmente si tuviera algo más de materia gris. En fin, mañana será otro día y trataré de olvidar ciertas actitudes. Además, pensé que al ir con un grupo heterogéneo podría hablar algo con gente a la que no suelo ver a menudo, pero resultó que no, y al final estuve solamente con los de siempre (sin que esto constituya un menoscabo a estos, sino un simple lamento de ver que se desperdicia una ocasión de conocer mejor a gente a la que apenas veo).

Mirando un poco atrás, los últimos días han sido irregulares. Tras un martes extrañamente tenso, pasé un miércoles agridulce (malo por la mañana, bueno por la tarde; gracias a la Pebeta, a la Rusa y a "xD" por los buenos momentos) y un jueves estupendo. La clase de italiano se canceló sin que ninguno de los presentes (la Bruja Loca, la Ratona, la Diosa Oscura y yo) lo supiera hasta que veíamos lo que tardaba la profe (también llamada Spaguetti) en venir, de modo que nos encontramos allí para nada. Lo siento por ellas, pero debo decir que yo me lo pasé de maravilla, pues además de estar con las tres a la vez frikeando y haciendo el tonto, tuve la oportunidad de tener largas charlas a solas con cada una en diferentes momentos del día y, como ellas ya saben, me encanta tener la oportunidad de conocerlas un poco mejor. También me dijeron algo sobre el blog en lo que no había pensado, y que me temo que de alguna manera he vuelto a cometer en este mensaje. O tal vez no; ya se lo consultaré a ellas a ver qué me dicen.

17.5.05

Mirando hacia atrás unos días...

No he podido evitarlo, me he quedado viendo El Ataque de los Clones en lugar de hacer lo que tenía que hacer a estas horas. El viernes veo la tercera entrega de Star Wars, y claro, uno que a veces hace el friki, acaba enganchado con facilidad a una peli no muy buena que ya he visto un par de veces. Hace nada que ha acabado.

Otra que la estaba viendo, en su casita, era la Pebeta. Hoy casualmente le estuve echando un cable en una redacción para clase, corrigiendo puntuación, ayudando con sinónimos, etc... y precisamente, de todos los días que he estado en su casa, hoy ha aparecido su tío de improviso (normalmente curra a estas horas), con lo que por pura chiripa nos ha pillado sentados ante el escritorio con papeles escritos delante. De haber aparecido cualquier otro de los días que he estado allí con ella, se podía haber montado un pollo bastante grave. A veces los hados son propicios.

Y sigo retrocediendo en el tiempo para decir que el sábado por la noche fuimos un grupo inusual, pues faltaron algunos de los habituales, otros se retiraron demasiado deprisa (la Mujergato, la Tamagotchi, el Pacman y el Mago), y al final estábamos la Inglesa (cuya grata presencia no nos robarán los británicos más tiempo), su amiga N, el Samurai (que viene pocas veces por desgracia), la Rusa (aprovechando sus fugaces vacaciones) y las algo más habituales Pebeta y Diosa Oscura.
Aunque avanzando la tarde parecía que el día no iba a ser muy entretenido, lo cierto es que conforme pasaba el tiempo llegamos a pasarlo bastante bien. Como momentos estrella, citaría la surrealista conversación entre el Samurai y N, que provocó auténtico dolor de mandíbula y estómago a varios de nosotros (lo que se pierde el Club de la Comedia por no contar con este individuo) y el inesperado baile de dos conocidos nuestros en una discoteca pese a que no estaban ahí (es largo de explicar).

El viernes hice dos viajes por el mismo camino para acompañar y escuchar a tres adorables damas, y debo decir que cuando la compañía es grata, es imposible cansarse. Luego tuve un par de conversaciones con la Bruja Loca, en una de las cuales me proporcionó una munición que, albricias, creo que ya no podré usar.
A la noche recibimos a la Inglesa, que volvió esta semana de britannylandia. En su honor bautizamos una mesa a la que llamamos "Tobey" ^.^

El miércoles desayuné con dos ángeles y un diablillo (dentro de unas horas repetimos). El martes pasé todo el día con uno de esos ángeles, a cuya luminosa presencia se fueron añadiendo otras poco a poco.

No recuerdo más, estoy cansado...

9.5.05

Cómic.

La creatividad es un 10% de inspiración y un 90% de transpiración.



Siempre me ha gustado dibujar. De crío me pasaba horas con el lápiz/boli/rotulador en la mano, hasta agarrotarla, llenando los papeles de monigotes. Y bien que convenía que tuviera papel a mano, pues de lo contrario buscaba la superficie más parecida que encontrase en mi camino para continuar mi labor, que estaba en mi escala de prioridades por encima del respeto a la integridad de mesas, suelos, paredes, cortinas...

Hace tiempo que no dibujo regularmente. Por razones que ahora no vienen a cuento, llevo bastante tiempo desganado, sin fuerzas para casi nada, y me cuesta muchísimo terminar lo que empiezo. El trabajo artístico requiere mucha dedicación y meticulosidad a no ser que seas un "artista conceptual", idea que haría rasgarse las vestiduras a los clásicos, acostumbrados a deslomarse y quemarse las pestañas trabajando meses en una cualquiera de sus obras. Yo tengo una concepción clásica del arte y no me apetece tener una idea y exponerla desnuda, sin trabajo intermedio de elaboración y presentación de dicha idea.

El caso es que estoy intentando tener listo cuanto antes el cómic de la Bruja Loca, que, como sabéis los que leéis a menudo este blog, está inspirado en una amiga mía a la que me refiero de esa misma manera cuando escribo estos mensajes. El límite impuesto por la Diosa Oscura (coordinadora, correctora de artículos y redactora jefe, ahí es nada) para presentar los trabajos es Agosto, así que hay tiempo de sobra, pero quiero hacer el cómic y además terminar un artículo (posiblemente sobre Alias, mi serie favorita). También he de acabar un relato (que ya tengo empezado) para el concurso del fanzine, que no es un premio suculento pero siempre sienta bien ganar algo. La verdad es que si por mí fuera, haría hasta la portada, pero tengo que aprender a ser más frugal con estas cosas; siempre tiendo a entregarme de forma absoluta a cualquier proyecto o idea que me sugieran, y las consecuencias nunca son buenas, ni el agradecimiento es proporcionado al esfuerzo.
Dibujar este cómic me está llevando tiempo, porque sólo dibujo de vez en cuando, y aún me queda diseñar a un personaje (necesito ayuda ajena para ello), pero espero que el resultado merezca la pena.


Estoy trabajando con el ordenador para retocar las viñetas. No le recomiendo a nadie intentar dibujar un cómic directamente a ordenador, pero usar esta herramienta para mejorar el resultado final sí es buena idea.

Por ejemplo, a la Medusa tengo que ponerle aún un emblema en la camiseta, pero como no sabía qué ponerle, he probado con uno comercial para ver cómo queda, y así mientras me lo pienso puedo ir rotulando y maquetando las páginas para ahorrar tiempo, y ya superpondré el logo que finalmente diseñe en todas las viñetas donde salga ella. Así me evito tener que dejar esas viñetas sin dibujar hasta tomar la decisión:


A la Bruja Loca la he dibujado sin rellenar de negro las zonas de sombra, lo que me ahorra un engorroso trabajo que con el ordenador se resuelve en unos segundos. Esta es la imagen sin negro, aún no he rellenado esas zonas debido a que antes debo usar el ordenata para solucionar un problema de desproporción con la cabeza.


Los relámpagos que azotan el castillo están hechos también por ordenador, y más tarde aplicaré alguna solución al gris del cielo para convertirlo aceptablemente en trama mecánica:


Aparte de eso, he decidido reconvertir mi proyecto de novela en un proyecto de cómic. La razón es que me encontraba con muchas dificultades para narrar de forma aceptable (profesional) mediante puro texto lo que quería contar, pero se me ocurrían continuamente soluciones visuales para cada problema. Finalmente me he rendido a la evidencia, soy mejor narrador gráfico que literario, y prefiero centrar mis esfuerzos en algo que sepa que puedo terminar.

Por cierto, me encanta el cómic de Matt Groening Life in Hell, poblada por conejos con trastornos mentales, gemelos incestuosos que me recuerdan a Hernandez y Fernandez (de Tintín) y otros seres igualmente enfermizos; pese a lo sórdido de la tira (inédita en España, por cierto) es esa clase de cosas que por alguna razón logra que los personajes se te hagan familiares ^^. Para muestra, un botón:
Life in Hell

7.5.05

Fechas.

...
Pronto hará un año... del día en que nos sorprendió el sol abrazados al amanecer.

Dos años desde que mi rostro decidiera contraerse en una hueca parodia de lo que debería ser.

Un año desde que una mirada felina evitó que cayera al abismo.

Faltan 20 días para ver tus ojos de nuevo.

Dos años desde que ella decidió; un año desde que tomó la misma decisión por segunda vez.

Medio año desde que supe cómo era realmente una falsa amiga, y dos semanas desde que lo confirmé.

Falta una semana para que un ángel regrese de tierras bárbaras.

2.5.05

INMORTEL (ad vitam)



¿Nunca os ha pasado? Veis una película, leéis un libro o cómic, escucháis una canción, contempláis un cuadro o escultura... y un rato después, aún no sois capaces de decidir si os ha gustado o no. Como si tuviérais dos críticos sobre vuestros hombros, un diablo que se aburre y no le ve pies ni cabeza a la obra, y un ángel que se empeña en buscar detalles interesantes y originales que justifiquen una crítica positiva.

Inmortel, adaptación de la serie de comics de Enki Bilal sobre Nikopol dirigida por el propio autor, produce una extraña reacción en el espectador. Es imposible no sentirse fascinado por el diseño de producción, ya excelente en el cómic y mejorado en la película, y muchos de los detalles de la obra original permanecen ahí, aunque convenientemente modificados y simplificados para reducir toda la trama de varios álbumes a una película de menos de dos horas. También se pierden muchos personajes, localizaciones y subtramas, pero pese al recorte, la atmósfera de la obra original permanece intacta. No es, por tanto, una de esas adaptaciones que intentan mantener la literalidad del original y pierde de vista la fidelidad al mensaje, sino que, como ocurre con Blade Runner, Memento y otras excelentes adaptaciones literarias, Bilal prefiere cambiar notablemente la trama original centrando sus esfuerzos en conservar la auténtica esencia de su historia.
Esto no significa, empero, que se trate de una gran película como las citadas. El film peca de cierta falta de emotividad; las escenas que se suceden apenas tienen algún significado emocional para el espectador, los personajes resultan demasiado frios para sentir empatía por ellos, y el personaje central, Nikopol, tarda tanto en aparecer que nos pasamos buena parte del metraje contemplando una serie de tramas paralelas que no podrían importar menos, a priori. Sin embargo, no sé hasta qué punto se le puede achacar esto al film, ya que de todos modos las historias de Bilal tienen precisamente se problema, y dado que se trataba de adaptarlas al cine, sería difícil darle a la historia una intensidad emocional de la que el original carece.
No ayuda el hecho de que Bilal haya optado por una curiosa técnica para rodar su película: todo el film está generado por ordenador, salvo los tres personajes principales, algunos elementos aislados del decorado y algunos extras. En principio parece interesante, pero tiene un peligroso efecto secundario, ya que el espectador continuamente puede comparar la calidad de la animación con las imagenes reales, y al no ser la primera lo bastante realista, el público no puede olvidar que está viendo una peli de dibujos a causa de ese constante e incómodo recordatorio. Además, la calidad de las imágenes realizadas por ordenador es desigual, como si se le hubiera encargado su realización a diferentes estudios de animación, de modo que mientras algunos personajes parecen casi humanos, otros (como los dioses egipcios) parecen sacados de la intro de un juego, y algunos, como el extraño tiburón cangrejo que persigue a Nikopol, son realmente fascinantes. Si toda la película mantuviera el mismo nivel visual, aunque éste fuera bajo, podría pasar, pero debido a los altibajos en la calidad de las imágenes, es imposible no reparar en lo poco cuidado de algunas de ellas. Sin embargo, este defecto se ve en cierto modo compensado por la grandiosidad de los escenarios, tanto de la ciudad como de interiores, el cuidado vestuario y los demás aspectos del diseño de producción.

No sé si recomendar esta película. Puede dejar frío al espectador, hacerle sentir estafado ante la mera contemplación de un museo de personajes animados por ordenador con el que no logra empatizar; pero también puede que la fiel adaptación de la obra original despierte las mismas sensaciones que ésta. Si te gusta Enki Bilal, te gustará Inmortel; si no es el caso, ignora esta cinta y vete a otra sala donde proyecten algo más adecuado a tus gustos.