La trilogía del 0zi errante.

29.9.04

Secretos

Hay cosas que no te he dicho, pero no porque no merezcas escucharlas, sino porque yo no me merezco poder compartirlas contigo.

La frase es de un amigo, aunque la he modificado para adaptarse mejor a lo que quería expresar. Gracias por darle palabras a mi sentimiento, Santiago.
Añado que un día escribiré un mensaje que ya he escrito montones de veces en otros contextos (foros) por lo que más que inventarlo, lo "intercontextualizaré" aquí. Sobre plagios, inspiraciones y homenajes.

26.9.04

Hoy seré breve.

Qué rápido pasa el tiempo cuando lo pasas bien. Y qué mal se pasa cuando lo oscuro y frio que llevabas dentro como adormilado se manifiesta, desenroscándose y siseando, diciéndote al oido, con voz de metal oxidado, cosas que no quieres recordar pero no puedes evitar tener presente; y caminas como un fantasma contemplando a los vivos reir, charlar y sentir de una forma que a veces te parece tan lejana. Y entonces las palabras de un amigo te devuelven a la anhelada irrealidad, y olvidas cómo es todo para pensar (vivir, sentir, saborear) sólo en cómo debería ser.

23.9.04

Fábula a vuelapluma.

Desde su altura, dominaba el bosque; nada había que se le acercase siquiera, y bajo su punto de vista todos los demás árboles apenas llegaban a míseros arbustos. Se sentía orgulloso de sí mismo, cobijaba bajo su sombra a pequeños animales en dias de extremo calor, les cedía su corteza en épocas de nieve y hambre, albergaba madrigueras de pequeños roedores cuya actividad apenas era un ligero cosquilleo para tan magno gigante, sostenía gentilmente los nidos de un par de familias de aves...
Un día, a poca distancia, un pequeño arbusto le habló. Su voz era pequeña y débil, pero en ella se intuía cierta voluntad de perdurar, de hacerse grande y fuerte. El gran árbol no prestó demasiada atención, pues había visto en su larga vida árboles como ése, surgiendo fuertes y ambiciosos, y muriendo pequeños y raquíticos, derrotados por la selección natural. De modo que el viejo árbol miró a su pequeño competidor con aire cansado, ese que los ancianos usan cuando contemplan a un niño subirse a una silla sabiendo que su caida es inevitable e inminente.
Pasaron los años. El viejo árbol seguía siendo el referente en el bosque, seguía siendo ÉL, El Grande, El Mayor, y otros términos similares que se usaban entre los pequeños matorrales y animalitos cuando debían referirse a él. Y el pequeño árbol seguía ahí, fuerte y cada vez más grande, al menos para el estándar del bosque. Seguía siendo ínfimo en relación a Mayor, pero ahora éste podía contemplarle con más nitidez, y su voz era más audible. Pese a todo, los intentos de Pequeño para comunicarse con Mayor fueron infructuosos; cada pregunta era respondida por silencio, cada oferta de diálogo era contestada con indiferencia, cada palabra amable era recompensada con silente reprobación.
Así pasaron décadas. Mayor seguía inmutable, eterno, inmenso. Pequeño crecía en un intento de acercarse a la altura de Mayor, propósito que parecía, a ojos de éste, condenado al fracaso. Pero, conforme pasaba el tiempo, algo extraño se enredaba en el muro de indiferencia de Mayor, una pequeña voz, como eco de sierra, que le advertía de que estaba siendo demasiado confiado, en exceso prepotente. Si él empezó igual que Pequeño, ¿qué impedía que éste alcanzara su altura? Mayor desechaba esos pensamientos, como ignoraba la perenne voz del menudo árbol, que pese a seguir siendo mucho menor que él, ya era notablemente más grande que todos los demás árboles del bosque. Ahora la voz era más audible, pero el esfuerzo de Mayor por ignorarla también lo era, y a fe que lo lograba por completo; ahora esa voz se había convertido, con el paso de las innumerables estaciones acontecidas, en una suerte de cacofonía indescifrable, un ruido blanco de fondo, que devenía en banda sonora del bosque pero carecía de significado en sí mismo. Al menos la mayor parte del tiempo. Otras veces, Mayor escuchaba y a duras penas entendía las conversaciones que Pequeño tenía con otros árboles y vegetales varios; empezó a temerse lo que hace tiempo que para el resto del bosque era evidente: la actitud egocéntrica y prepotente de Mayor había acabado cansando al resto de la maleza y fauna, que ahora acudían en busca de refugio, consejo, alimento o simple conversación a Pequeño, un ser mucho más amable y cooperante que el ser egoista y engreido en que, casi sin darse cuenta, se había convertido Mayor.
El viejo árbol estaba preocupado. No sabía qué hacer; para él, el bosque era su vida, pero lo había descuidado al saberse único e imprescindible, y ahora se daba cuenta de que la lealtad que le tenían no era eterna, y que podía perderla fácilmente, sobre todo si existía otro gran árbol (y a estas alturas Mayor se vio obligado a reconocer que Pequeño ya era un ejemplar notablemente fuerte, alto y sano) que les proporcionaba el trato que él llevaba tiempo negándoles.
Pequeño se ofreció, al darse cuenta de la turbación de su referente, a ayudarle a ser como era, a colaborar en su cuidado al bosque. Como siempre, Mayor fue incapaz de responder; ahora, cuando ya sabía que no estaba en posición de ignorarle con la suficiencia de quien se sabe mejor, eran los celos, el miedo a perder su liderazgo y el rencor quienes le impedían recoger la mano que se le tendía. Pero no sólo le ignoró, sino que pasó al extremo contrario y se dedicó a intentar perjudicar al pequeño gran árbol; hablaba con los animales y plantas difundiendo falsos rumores, trataba de sacar información de la fauna y flora circundante a Pequeño (cuando éste se la habría proporcionado voluntariamente, si Mayor se hubiese dignado a pedírsela), y ponía en marcha otras iniciativas igualmente deplorables. Pero ninguna tuvo éxito, ante la frustración de Mayor, que empezó a aislarse también de sus pequeños amigos culpándoles de su fracaso, o quizá eran ellos quienes le evitaban a él debido a su carácter conspiratorio y agresivo; tanto da, el resultado fue el mismo.

Llegó el día en que Pequeño era ya más grande que Mayor. Éste no era capaz de precisar cuándo había ocurrido esto, por lo que a él respectaba, perfectamente podría haber ocurrido de la noche a la mañana, pese a la imposibilidad biológica de que así ocurrieran los hechos. No importa, el hecho es que estaba ahí, imponente, inmenso, eterno... el pequeño arbusto había crecido hasta dominar el bosque. Ahora Mayor se sentía débil, insignificante, frágil; pese a seguir siendo el segundo mayor árbol del bosque, eso para él era como no ser nada.
Se le ocurrió que podría pedir ayuda a Pequeño. La idea era extraña e icongruente, y se sentía incómodo al pensarlo. No tenía fuerzas para hacerlo, era demasiado humillante; pero debía hacerlo, pues la naturaleza estaba dándole de lado, cada vez recibía menos sol debido a la sombra del gigante que se encontraba ante él, y en breve comenzaría, si no hacía nada por evitarlo, su inevitable degeneración, esa que tantas veces había visto en árboles más pequeños y jóvenes que él.
Pero entonces escuchó una voz, que siempre había estado ahí, o al menos desde donde alcanzaba su memoria, y que resultaba difícil de comprender; finalmente reparó en que procedía del gran árbol que proyectaba sobre él su sombra. Le ofrecía ayuda, comprensión y amistad.

El viejo árbol intentó responder, pero llevaba tantísimos años negándose a hacerlo, que su voz se había atrofiado, y era inaudible para el gigantesco rey del bosque. Y murió víctima de su propia vanidad.

----------------------------------------------

Esto está escrito a vuelapluma, es decir, me he sentado a escribir desde el principio hasta el final, sin corregir nada a posteriori y sin tener claro cómo debía avanzar o terminar la historia. Por supuesto está lleno de errores (acabo de caer en unos cuantos), pero no puedo modificarlos sin corromper la idea del "speed writting".
Evidentemente, estaba pensando en algo concreto cuando lo escribía, pero que cada uno saque sus conclusiones, como en toda fábula; no seré yo quien infravalore al lector dándole una moraleja mascada.

Y eso es todo de momento. Bye!

19.9.04

Bilbao la nui

Ayer perdí un pendiente. La culpa la tuvo cierta maligna mujergata, que estando yo de lo más pacífico, me atacó a traición y con alevosía con la única intención de causarme dolor y tormento. Malosa.
Bueno, tal vez no fuese exactamente así, pero es la versión que me deja mejor.

El caso es que cuando iba a irme reparé en el hecho de que mi oreja izquierda carecía del pendiente, y tras una infructuosa búsqueda tuve que irme sin él. Cosa de comprar otro nuevo, pero echaré de menos el otro, que además era un regalo.

Aparte de eso, ayer lo pasé mal cuando hube de darles una mala noticia a dos personas. No fue culpa de nadie, pero el mal trago que tuve que hacerles pasar a ambos es algo por lo que yo también he tenido que pasar otras veces, y duele.

8.9.04

Hoy estoy vago

Hoy me apetece hacer el vago, me limitaré a repetir aquí algo que escribí como respuesta a un blog ajeno. Aunque la ausencia del mensaje original impida comprender del todo el mío, creo que la esencia del texto es asimilable independientemente de ello.
Este mensaje, que creí que podría traerme alguna consecuencia negativa por parte de personas a quienes aludía y no pedí permiso, no pareció molestar a nadie. Ni siquiera al destinatario, que me abrió ventanas por messenger para interrogarme sutilmente sobre la dama en cuestión, preguntas que yo eludí responder con mayor sutileza aún. Además, una amiga a la que adoro me envió un e-mail que casi me hace llorar de emoción; gracias, Buscadora de Otoños.


Cita: "Algunos tienen la empatía de un ladrillo."

Cierto. Empatía es ponerse en el lugar de los demás, y es muy difícil encontrar gente con esa habilidad. Déjame ponerte ejemplos.

Un amigo mío tiene a su novia a mil kilómetros de distancia. Puede verla muy pocas veces dado que ninguno de ambos es rico, así que cuando están juntos tienen que aprovechar cada instante.
Ella es una buena amiga mía, la adoro, y necesitaba verla de nuevo tras tantos meses separados. Pero aunque podría haberme quedado allí toda la semana, sabía que ellos dos necesitaban un poco de tiempo a solas, así que aunque ambos fueron tan amables como para ofrecerme permanecer allí todo el tiempo que quisiera, yo preferí estar tres días y dejarles el resto de la semana a solas. Y créeme que me dolió separarme de ella, el último día cuando ella salió del autobús y sabía que no la vería en mucho tiempo, sentía cómo se me desgarraba el corazón. Pero ellos necesitaban un tiempo a solas, así que me guardé lo que sentía y renuncié a verla más. Creo que eso es empatía.

Si me hubiera quedado allí todo el tiempo impidiéndoles tener un momento a solas, si incluso hubiera renunciado a amables y desinteresadas ofertas de parte de gente que me acababa de conocer para ir a la provincia contigua y pasar un par de dias en su compañía, si además hubiese tenido el mal gusto y la mala leche de jalonar mi estancia allí con frases como "entre amargarme aquí o amargarme en casa, me quedo aquí", que demuestran un tremendo desprecio a los esfuerzos y sacrificios llevados a cabo por esas personas para animarme a la par que una falta de consideración inmensa a su necesidad de intimidad... entonces, en esas circunstancias, sí habría demostrado tener "la empatía de un ladrillo".

También sería tener "la empatía de un ladrillo" ir por ahí contando en internet, en una web de público acceso, mi historia con una amiga, omitiendo hechos importantes que me dejarían bastante mal (de los que hay testigos) y manipulando lo poco cierto que digo para hacerme la víctima y dejarla a ella a la altura del betún. Nunca me han gustado los sofistas, y establecer falsas relaciones causa-efecto como: "Dejó de querer verme por observarme alcoholizado una noche cuando ella desfasó de mala manera el año anterior, y sus amigos no la dejaron de lado por eso" cuando sabes perfectamente que no es así, que la cosa venía de antes y de después, es mentir. Recuerda que hay muchas formas de mentir, no sólo contar cosas que no han pasado sino también contarlas en parte, borrar hechos importantes, establecer relaciones causales falaces como la mencionada, y en definitiva intentar que el lector u oyente saque conclusiones, dirigidas por tí, totalmente erróneas. Sabes bien que eres tú quien se ha esforzado por alejarla de tí, y repito que hay testigos de varias de esas situaciones, no sólo yo.
En ningún momento te has parado a pensar cómo puede sentarle a ella que divulgues cosas que no sólo no tenían por qué ser publicadas, sino que además están falseadas y manipuladas. No te importa cómo le pueda sentar que entre gente con quien ella podría tener contacto en el futuro o a quien ya conoce de quedadas, y lea esta versión. Te importa un comino que ella vea que sus pasados esfuerzos por ayudarte hasta que su mente de diecisiete años no pudo soportar más la presión, son "agradecidos" de esta manera, precisamente cuando hace poco te jactabas de cómo ayudas a desconocidos y lo que te molesta no recibir recompensa por ello. Todo eso te da exactamente igual.

Y al margen de todo eso, ¿crees que lo que te pasa no le ha pasado a nadie? ¿Crees que eres el único que ha sufrido depresiones, angustia, soledad...? Pues te equivocas, y mucho. Pero por mal que se sienta uno, lo que NUNCA debe hacer es intentar dar lástima a los demás para reclamar su atención, porque todo el mundo es capaz de apiadarse de un conocido (que no amigo, y eso tampoco pareces entenderlo, más tarde volveré a ello) una vez o varias en persona, y todo el mundo puede hacerlo indefinidamente por internet, donde puedes entrar cuando te apetezca y salir cuando te convenga. Pero NADIE quiere invertir su tiempo libre, el único en el que no debe preocuparse de sus estudios, de su trabajo o ausencia de él, de sus peleas con la familia, etc... para preocuparse de alguien que siempre tiene la actitud de víctima.

(PÁRRAFO OMITIDO)

Todo esto lo digo porque un amigo es alguien con quien puedes echar risas, con quien puedes ponerte serio a hablar de cosas profundas, con quien puedes compartir secretos, sueños y temores. Alguien que te divierte y a quien diviertes, alguien que te aconseja y a quien aconsejas, alguien de quien aprendes y que aprende contigo, alguien que te complementa en todos los aspectos. Un amigo no es alguien a quien ves de vez en cuando, y que siempre, en cualquier circunstancia, acaba en una esquina amargado esperando que alguno de los presentes acuda en su ayuda. Porque a alguien así no se le toma confianza, no se le coge cariño, no se disfruta en su compañía.

(PÁRRAFO OMITIDO)

Creo que estoy divagando de mala manera. En fin, resumiendo un poco todo lo que quería decir: Deja de hacer esto, Roberto. Deja de ser paranoico; deja de manipular los hechos, ya lo hagas consciente o inconscientemente, para que todo el mundo crea que siempre te han tratado mal cuando en realidad has contado con ayudas que de haberlas tenido en su momento otros hubiéramos dado gracias a Dios, aún siendo ateos. Deja de echarle la culpa al mundo de no poder salir de un agujero, cuando tú no haces un esfuerzo por encaramarte a sus paredes y salir por tí mismo. Deja de quejarte de tu problema "diagnosticado por médicos" cuando recurres a la automedicación en lugar de visitar regularmente a un especialista, como sí que hace alguna persona que conoces y que tiene sus propios y muy graves problemas y a quien no verás, curiosamente, intentando amargar a sus conocidos, sino más bien todo lo contrario, es una fuente de felicidad y cariño para todos aquellos que tenemos la inmensa suerte de conocerla.
Pero ya que no vas a hacer nada de esto, al menos te pido, no, te exijo (creo que tengo perfecto derecho moral a hacerlo) que dejes de mentir (en el sentido mencionado varios párrafos más arriba). Haz lo que quieras con tu vida. Sigue alejando a la gente que te ofrece su ayuda, sigue encerrándote en la autocompasión, sigue hablando del éxito que tienen las personas malvadas y lo cruel que es el mundo con las buenas, sigue sin dar los pasos necesarios para ser diferente, para recuperarte, para potenciar lo bueno que tienes y eliminar lo malo. Adelante, sigue con todo ello. Pero deja de implicar en tus problemas a gente que ya está harta de que escupas sobre sus intentos de echarte una mano, deja de provocarles desde aquí para que te ataquen porque no encuentras otra manera de recuperar el contacto con ellos, déjales en paz. Si has alejado a alguien de tu lado, asúmelo como un adulto y pasa página de una vez.

"quizá la mayor equivocación a cerca de la soledad es que cada cual va por el mundo creyendo ser el único que la padece"
JEANNE MARIE LASKAR