La trilogía del 0zi errante.

26.11.05

Abajo el telón.



Las luces se apagan, el público se va, y el histrión deja el escenario. Tras más de un año de representaciones, la risa del público ya no le sacia.

Hoy han acabado varias cosas, y una de ellas es este blog. No me veo con ganas ni razones de seguir con él, y cuando escriba algún relato lo pondré en Perseides.blogspot.com

Ruego a quienes me han señalado en sus coliseos que dejen de hacerlo, pues quienes elijan esos caminos llegarán a un callejón sin salida. Gracias por el tiempo que he permanecido en sus tablones de anuncios, ha sido un honor.

En cuanto al público, de nuevo gracias a todos por asistir. Servidor se despide. Ruego que salgan con calma de la sala y no se pisen unos a otros al hacerlo. Recuerden que tienen muchos más teatros a su disposición, donde disfrutar de las más variadas obras. Sigan los links a la derecha, o busquen ustedes mismos por la web.

Se cierra el telón.

23.11.05

Titulares:

Para cuando encuentras el libro que tanto buscabas, me llevo yo el último ejemplar. Se siente, hechicero ^^

Me habría gustado poder estar allí con él en un momento tan importante, pero no es algo que pueda imponerle.

Buscando alternativas, lanzo una piedra al sur, a ver si hay suerte. Pero muy al sur.

Cuando leyó aquella barbaridad, dijo lo mismo que yo pensaba. Me alegra no estar solo.

No es la caída, es sentir que su cuerpo pesa cada vez menos. Eso es lo que no soporto.

Entre la espada y la pared, entre dos personas que se enfrentan y que no logro acercar. Y a causa de ello una casi deja de hablarme y la otra me priva de su exoesqueleto esta tarde.

Saltan, ríen y preguntan. Los echaba de menos, e intentaré verlos más a menudo, como antes.

Dos, uno en octubre y otro en noviembre, que serán dos en diciembre. A ver si me doy prisa de una vez, siempre he sido demasiado lento con estas cosas.

Magia inglesa en dos días, espero que como mínimo esté a la altura de la tercera. Aunque algo no será igual.

Pensaba que se alegraría de una buena noticia para mí, resulta triste constatar que no fue así.

Si pesa más que el agua pero es más barato, no puede ser bueno. Aún así lo compré, espero que su ingestión no me mate.

Tortillas y nueces en el poblado ewok, liantas confundidas y risas.

20.11.05

Dos damas.



Ajena a la realidad cotidiana, escapa de ella subida a una escoba mágica, con su propia hermosa voz como banda sonora. Risa de duendecillo y mirada de ángel, su amable gesto de este verano no será olvidado jamás, y siempre estaré en deuda con ella.

Aunque agotada por el esfuerzo, siempre encuentra fuerzas para ayudar a quien la necesite. Llamada egoista por mi parte al poner mis necesidades por encima de su reposo, recompensada injustamente con su siempre grata presencia. Nunca descansa en su búsqueda de la sonrisa ajena, empresa que suele saldar con éxito. Sus hipnóticos ojos no tienen igual.

Dos damas que hoy me han ayudado. Dos mujeres a quienes nunca sabré agradecer lo bastante su presencia en mis peores momentos. Dos personas a quienes me enorgullezco de llamar amigas.

19.11.05

Dando vueltas...



He llegado a casa a las 8 de la mañana y debería dormir, pero no puedo. llevo unas 30 horas de vigilia, y sumado a la larga temporada de falta de sueño, se me hace insoportable.

Dar vueltas. Una y otra vez. Intentar leer o hacer cualquier otra cosa para cansar al cerebro, pero no funciona. Y doy más vueltas. Y no duermo.

Se me pasan cosas por la cabeza. Pienso en cosas del pasado, del presente y del futuro, como si la alteración de la percepción debida a la escasez de sueño se revelase como la causa de las alucinaciones de Mr. Scrooge.

Hace tiempo, un amigo me dijo que durante toda su vida había sido sincero convencido de que, de esa manera, la gente siempre confiaría en su palabra. Si saben que nunca has mentido, y no conocen a alguien que pueda atestiguar lo contrario, cuando tu palabra se enfrenta a la de alguien más dudoso, la gente sabrá a quien creer.

Se equivocaba.

A la gente se la suda completamente que desde que te conozcan no sólo no hayas mentido habitualmente, sino que en circunstancias en las que hacerlo te habría evitado males mayores, has mantenido tu franqueza buscándote un montón de problemas. Un ejemplo relativamente reciente fue aquella vez, hace ya muchos meses, que cierta persona prefirió creer a un reconocido mentiroso antes que a mí sólo porque con él se lleva mejor. Pasa continuamente, qué le vamos a hacer. Al menos, pese a creerle, no me retiró la palabra. Algo es algo.

Busco en internet información sobre el insomnio. Leo sobre el "método de relajación de Jacobson", pero no me convence, ya he intentado cosas como esas sin necesidad de ponerles nombres. Otros métodos, como la imaginación dirigida y la concentración paradójica (¿quién carajo bautizará estas técnicas?) tampoco surten efecto.

Paso del pasado al presente, y pienso en palpitaciones, en resultados médicos y en dietas bajas en sal y azúcar. En suspiros y llantos, en necesidades y en caprichos infantiles. Pienso en un rasgo heredado que no soporto y que pocas veces había sido tan patente. Y me gustaría sacar conclusiones más sólidas que las que me permite mi estado.

Llevo así desde octubre. Mucho tiempo para dormir un máximo de cinco horas cada noche. La semana pasada vi de nuevo el Club de la Lucha con la pebeta (le encantó, por cierto), y cuando Norton dice que el insomnio te hace no estar nunca despierto ni dormido, verlo todo como copias de otras cosas, acierta de pleno. Llevo meses sintiendo un deja vú tras otro, pero demasiado seguidos en el tiempo como para permitirme orientarme. Me desvío de las conversaciones cuando hablan otros y a veces, tras una interrupción nimia, no recuerdo de qué estaba hablando yo mismo tan sólo cinco segundos antes. Ayer me pasó varias veces, no recordé de qué hablaba justo antes en diversos momentos de la tarde.

Llevo así desde octubre. Del año pasado. Salvo un par de temporadas, nunca superiores a un mes, en las que mi sueño abarcaba seis y a veces casi siete horas, el resto del año ha transcurrido sin que mi vigilia acepte ser vencida por Morfeo el tiempo suficiente como para reponer fuerzas de verdad.

Pienso en el futuro. No sé qué me depara, pero me da miedo. No quiero cometer los mismos errores para mí ni fallar a los demás de la misma manera, pero sé que lo haré, y esa certeza es aterradora. También sé que se repetirá lo que pasó cada uno de estos dos últimos años, y yo ya no tengo fuerzas de estar avisándoles de lo que ellos deberían haber aprendido a evitar.

Y sigo dando vueltas, y notando falta de concentración mientras escribo. Reviso lo que he escrito y algo me dice que está mal, que desvarío, pero no sé en qué. Voy a intentar dormir otra vez, seguro que si lo consigo estoy menos negativo luego.

13.11.05

Brevemente



Me quedo sin saberlo, pero todo sea por su salud. Espero enterarme pronto, pues no soporto saber que la he fallado y no tener idea de en qué.

Podríamos ser cinco, pero el sexto hizo que fuéramos tres. Hay personas y actitudes que no soporto, y se me nota.

Amabilidad gélida, como de parientes lejanos que se encuentran en una comunión, como antiguos compañeros de estudios que ya no tienen nada en común pero, sin embargo, se reconocen.

Palabras que según ella fueron duras, pero que yo creo comprensibles. Me has ayudado demasiado como para que tenga en cuenta una tontería como esa, y además yo tuve parte de culpa.

La felicidad está en las cosas pequeñas. Lo esencial es invisible a los ojos. Y un largo etcétera de frases de galletita de la fortuna con las que podría saturar este mensaje para no decir nada, porque lo único que quiero reseñar en este párrafo es que este sábado hubo dos pequeñas cosas que me animaron mucho de quienes menos me lo esperaba.

Después acudí a un cumpleaños que resultó más accidentado de lo que cabía esperar. ¡Gaseosa de 13 céntimos, qué rica! Tras sortear un hervidero de orcos y su troll guerrero, llegamos a la base.

Paseo por la feria del libro en su último día, nada especial. Avistamiento de langosto, conversación breve y vuelta al cumple. Larga espera, compañías inesperadas. Bocadillo rico, palabras amargas. La salud por los suelos, como su dueña.

Los ángeles no son inmateriales, pues sentí su peso cuando la ayudaba a caminar. Piropos a dúo a la luz de las farolas, disculpas innecesarias y llegada. El ángel se echa una siesta vigilada por quienes tuvimos la suerte de acompañarla.

Quedamos dos, y continuamos. Muchas palabras, cereales y Nesquick. El juego de Sid Meier me gustó, pero más la segunda temporada de Perdidos y el Linux autoarrancable. Despedida y cierre.

1.11.05

Más tarde escribiré un resumen detallado de lo que me ha parecido el salón. De momento sólo diré que estos días, alejado del ambiente habitual, he tenido momentos relajados entre tanto bullicio. Los suficientes como para tener tiempo de sobra para replantearme algunas cosas.

Quiero volver a ser la persona que fui hace algún tiempo y que se ganó la confianza y afecto que últimamente me esfuerzo en perder. Quiero expulsar de mi alma esa parte que odio, como se elimina un virus en un organismo infectado.

Ahora conozco mejor a algunas personas. Soy más consciente que nunca de la suerte que tengo por tener a algunas de ellas en mi vida, y he descubierto que otras prometen ocupar un lugar destacado en mi ranking particular de personas a las que agradecer su amistad. Especialmente me he alegrado de recuperar parte del vínculo que tuve con dos de las personas más importantes que he conocido este último lustro.

También conozco mejor a otras personas, por desgracia.

¡Primer cosplay! Quiero repetir, esto engancha. Y eso que este era un asco (el mio, el grupo estaba curradísimo, quiero repetir algún día con ellos).

28.10.05

Hasta la vista, baby.

...

Parto raudo al salón del Manga. En mi ausencia aprovechen para meditar sobre sus futiles vidas y el inexistente sentido de las mismas. ¡Fotos a la vuelta!